La Cultura para el Desarrollo en México

Texto por Daniel Ramírez

 

Introducción.

La economía y la cultura, al ser dos campos sociales que interactúan dinámicamente dentro de un espacio social, se vinculan para analizar las formas en que las sociedades satisfacen sus necesidades entendiendo el funcionamiento del sistema de producción cultural y así determinar el futuro desarrollo de los individuos particular y colectivamente, siempre y cuando tomemos en cuenta que el desarrollo es la capacidad de crear riqueza económica, intelectual y espiritual, y que mantiene un bienestar paulatino para quienes somos habitantes de un país o región.

Recientemente se ha trabajado en el análisis de lo que podría ser denominado el Sector Económico de la Cultura, inicialmente con la medición de su contribución o generación de valor en términos del Producto Interno Bruto (PIB), inversión, empleo, comercio, entre otros.

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Presentación del Anuario Estadístico de Cine Mexicano, IMCINE 2016

Fuente imagen: Instituto Mexicano de Cinematografía, Festival Internacional de Cine de Guadalajara, http://www.imcine.gob.mx/ficg32/30-5-millones-de-asistentes-vieron-cine-mexicano-en-2016/

 

Se ha comenzado también la exploración de algunas de las implicaciones como sector económico, como el establecimiento e identificación de indicadores cuantitativos, el diseño y la implementación de una política económica-cultural, y todos aquellos aspectos que conllevan el reconocimiento de la cultura como un motor de crecimiento y desarrollo de un país.

Pero el análisis es cada vez más amplio en el sector cultural que ha llevado a determinar que el crecimiento de las industrias culturales depende en gran medida de las políticas públicas que se emplean para incentivar este sector.

 

Desarrollo.

En México los avances en cuanto a la cuantificación de la aportación de la cultura y sus industrias al PIB del país son relevantes. Se aplicó este estudio en México con base en información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática empleando la metodología desarrollada por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la cual subdivide en cuatro categorías a dichas industrias culturales según su grado de contribución económica: Industrias base, interdependientes, parcialmente relacionadas y no dedicadas. También se introduce la contribución de la economía sombra, es decir, la que se trata de los sectores informales e ilegales no registrados dentro del marco fiscal y jurídico.

Es posible ver como las industrias culturales constituyen un sector de actividad económica importante para México. Con este análisis, estas industrias se ubican como uno de los sectores más importantes de la economía, junto a la industria maquiladora, del petróleo y del turismo, así como los sectores de las telecomunicaciones y el agropecuario.

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Feria Internacional del Libro en Guadalajara, 2016.

Fuente imagen: Primera Plana Noticias,http://primeraplananoticias.mx/portal/los-5-personajes-que-se-robaron-la-fil-2016/

 

Además nos llevan a determinar que efectivamente las industrias culturales son un sector de suma importancia para nuestra economía, por su contribución al PIB, al empleo y que conjuntamente se traducen en bienestar para las familias, en recursos para el gobierno, y no sólo eso, sino que también generan la entrada de divisas del extranjero fortaleciendo las finanzas del país.   

A pesar de la importancia de las industrias culturales en la economía de los países, es común ver que en América Latina las instituciones débiles y políticas públicas ineficientes limitan el crecimiento del sector cultural, debido a que éstas  permean únicamente a las grandes empresas, las cuales son minoría,  y no a toda la comunidad cultural en general, condiciona el acceso a aquellos creadores de expresiones no comerciales y a los artesanos, pertenecientes a los estratos más bajos de la pirámide, al desarrollo de la cultura y en muchos casos a lo que puede ser su única forma de sustento.

Hay que recordar que la mayoría de las industrias culturales se centran en las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMes) y que son en su mayoría unidades económicas de subsistencia que crean altos volúmenes de empleo y autoempleo. En los países de la OCDE éstas  representan  el 95% del total de las empresas generando entre el 60% y el 70% del empleo.

La operación de las MiPyMes culturales podrá optimizar su aprovechamiento económico al contar, como lo hacen los demás sectores de la economía, con reglas de operación que sean para las personas y empresas que en él participan, claras, estables en el tiempo y conducentes para el desarrollo del sector. 

Esto muestra que un sector económico que cuenta con estas reglas, tiene en consecuencia una política económica sectorial, una atención y tratamiento específico en lo relativo a sus relaciones comerciales con el resto del mundo, y de manera desatacada, un política fiscal en general y de incentivos fiscales para su promoción en lo particular. Por lo tanto, se deben elaborar políticas de incentivos fiscales para los agentes económicos y empresas dedicadas a las actividades económico-culturales.

 

Conclusión.

La cultura debe ser el centro de la sociedad y que todos tengamos acceso a ella como servicio,  esto solo se puede lograr mediante la democratización de la cultura, es decir, haciendo que los bienes culturales permeen en toda la nación desde su producción, distribución y consumo.

Debemos atender a la cultura como “una fuente de desarrollo, entendida no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria”.

La cultura constituye en sí misma, además de su valor intrínseco en términos sociales y estéticos, un motor de crecimiento y de desarrollo económico, como lo refleja su elevada participación en el PIB.

Referencias consultadas:

  • Bourdieu, J.P. (2011). Los conceptos centrales en la sociología de la cultura de Pierre Bourdieu. En El sentido social del gusto. Elementos para una sociología de la cultura. Pp. 9-19. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI
  • Coelho, Teixeira. (2000). Diccionario crítico de política cultural: México: CONACULTA, ITESO, Secretaría de Cultura, Gobierno de Jalisco
  • García Canclini, N. Todos tienen cultura: ¿quiénes pueden desarrollarla?
  • Gutiérrez Pérez, P. Las industrias culturales y el desarrollo de México
  • Lipovetsky, G. (2015). En La estetización del mundo. Pp. 325-354. Barcelona: Anagrama
  • Piedras, E. (2004). Introducción a la contribución económica en México. En ¿Cuánto vale la cultura? Pp. 23-28. Ciudad de México, México: CONACULTA
  • Piedras, E. (2004). Metodologías para la mediación de la contribución económica. En ¿Cuánto vale la cultura? Pp. 46-52. Ciudad de México, México: CONACULTA
  • Throsby, D. (2001). ¿Es la economía independiente de la cultura? En Economía y Cultura. Pp. 22-24. Madrid, España: Akal.
  • Throsby, D. (2001). La cultura como economía: el contexto económico de la cultura. En Economía y Cultura. Pp. 24-27. Madrid, España: Akal.
  • Yúdice, G. (2002). En El recurso de la Cultura. Usos de la cultura en la era global. Pp. 23-55. Barcelona: Gedisa

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