Educación No Formal, Sustentabilidad y Patrimonio

Texto por Oliver Romo Miranda

 

Desde la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972, documento fundamental en cuanto respecta a los diversos temas del patrimonio en el ámbito internacional, se plasmó la idea y la necesidad de involucrar de diversas maneras a las personas, primero como una obligación de los Estados parte, pero también como una forma de participación y fomento a la ciudadanía global, como hoy podemos entender.

En su artículo 27 de la Convención, referido a la existencia de programas educativos, resalta ese necesario involucramiento de la población en el aprendizaje y respeto de cuanto concierne al patrimonio. De ahí a la actualidad, podríamos hacer un extenso recuento de iniciativas, programas y plataformas que se han llevado a cabo a nivel de la UNESCO, de los países y sus diversos ministerios o de agencias diversas en el ámbito de la educación formal, lo cual se traduce en contenidos temáticos oficiales que de manera a veces intencional o a veces de manera tangencial, abordan el Patrimonio Mundial.

Sin embargo, sería limitado considerar sólo esas instancias institucionales como el conjunto de prácticas o experiencias que se han desarrollado en el área formativa en torno a la Educación para el Patrimonio. La existencia, cada vez más relevante desde nuestra experiencia y perspectiva, de prácticas sociales y comunitarias relacionadas con el aprendizaje e interacción con el patrimonio o con temas del patrimonio, vislumbra hoy una apropiación mucho más profunda de éste por parte de las personas.

Esta apropiación ciudadana, en ejercicio de derechos (en particular derechos culturales), que normalmente han existido pero no siempre se ejercen o no se facilita su ejercicio, es hoy una realidad cada vez más palpable, de la cual vemos expresiones a escala planetaria, y que son resultado, al menos en parte, de una nueva conciencia que al tiempo que reconoce las diferencias, reconoce también las coincidencias en el ámbito cultural. Ello constituye, desde este ángulo, uno de los mayores logros en la educación para el patrimonio. 

 

SUSTENTABILIDAD Y EDUCACIÓN NO FORMAL

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible o Agenda 2030 de las Naciones Unidas, ponen énfasis en la activa participación de las personas y comunidades en la consecución de esos objetivos y sus respectivas metas.

Justamente enmarcada en la sostenibilidad, la Agenda 2030 hace transversal un conjunto de elementos comunes que vemos a lo largo de sus planteamientos. Hemos querido resaltar dos de esos elementos en este artículo: la educación y la cultura. En particular éste último, aspiracional y al mismo tiempo asequible, permite el constructo de la identidad y el ser de los conjuntos humanos, diferenciados (o mejor dicho, definidos) justamente por las especificidades que naturalmente existen entre pueblos y personas. Ello es irremisible, y celebramos siempre que así sea. 

Educación y cultura son términos que sobrepasan ampliamente el ámbito formal de una institución, sea un ministerio o un centro escolar, pues tiene ambos conceptos su origen y destino en la sociedad. Ello nos permite valorar esas diferencias que sabemos existen, y que permiten entonces la existencia reconocida de la diversidad, en su más amplia acepción.

Por ello hacemos referencia a la educación no formal en este apartado, pues constituye esa educación un asidero que nos auxilia en la comprensión de fenómenos que a veces nos sorprenden pero que ya forman parte del cotidiano perceptible. Malala con su cuenta de Twitter o los cambios sociales y políticos que empiezan a darse en países y regiones que otrora parecían inamovibles, son objeto de esa educación más allá de los muros. Y baste decirlo, es un tipo de educación que tiende a la emancipación de la comprensión y no sólo al conocimiento.

Creemos que la educación para el patrimonio se inscribe justamente en los linderos de la educación formal y la no formal. Sumar a esto los temas de sustentabilidad –que de igual modo tienen realización fuera del aula, es completar un círculo cercano a las personas y alejado de maniqueísmos o pretensiones avasalladoras que todavía observamos en muchas estructuras que deberían facilitarla y reforzarla, y no necesariamente actuarla o limitarla. 

En las siguientes líneas, queremos referir algunas de las experiencias que si bien han sido desarrolladas desde nuestro Club UNESCO y tenido lugar en espacios escolares, creemos que abonan en el ámbito de la formación de niños y niñas más allá de sus límites curriculares, y en tiempos de veraneo, es decir, fuera también de los tiempos oficiales del sistema educativo.

 

VERANO VERDE

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Con este título, junto al Colegio Sara Alarcón en la Ciudad de México, diseñamos un conjunto de acciones que originalmente se llamaría “escuela de verano”, pero justamente acordamos no poner un nombre sino una idea más amplia, por ello “verano verde”. Los temas desarrollados fueron abordando de manera inductiva a veces y otras deductiva, ideas y conceptos como centrar a cada alumno en la intención del proyecto.

Las nociones que cada niño y niña traían fueron base de su participación, que desde ese inicio trató de poner alguna meta visible para ellos, como adquirir un compromiso que podrían visualizar conforme avanzaran en las actividades del proyecto. Cada uno de ellos eligió o le tocó descubrir y adoptar un avatar, basado en animales existentes en los sitios de patrimonio mundial natural en México, tales como la mariposa monarca o el lobo mexicano. 

De ese modo, adoptaron también la identidad de dichos animalitos, compenetrándose a lo largo de todo el proyecto, con el conocimiento más profundo de cada uno de ellos, así como logrando un tema de identificación que facilitó incluso la organización de equipos y otras actividades.

Los temas como el reciclaje permitieron también crear sinergia en torno al trabajo en equipo, así como  hacer partícipe su ambiente familiar, pues trajeron materiales desde su casa y conocieron hábitos de consumo en diversos tipos de familias. Reducir el consumo y ser solidarios con el medio ambiente fue una constante en el proyecto. En la actividad “Día de no comprar nada” el reto incluyó a su casa y sus papás, dándose cuenta de que la dinámica familiar influye mucho en la actitud de la persona. 

Por supuesto, contenidos relacionados directamente a Patrimonio Mundial fueron privilegiados en el desarrollo del verano verde.  Desde la visión global, pasamos a los sitios mexicanos como el Santuario de las Ballenas de las Lagunas del Vizcaíno o el Sian Ka’an. Diversos modos de acercarse a estos sitios fueron aprendidos por los participantes.

El uso de herramientas interactivas y videográficas permitió asimismo profundizar y apropiarse con diversos contenidos, aunque debemos reconocer en este espacio que su uso  intensivo representó algún reto para varios niños, pues un poco más del 30% de las actividades hizo uso de esta herramienta.

Aquí aprovechamos para resaltar una característica de la composición del proyecto en cuanto a edades de los niños y niñas participantes, pues al ser de tipo colectivo, hubo niños desde los 5 hasta los 14 años de edad. En términos de sistema educativo, diríamos que fue multigrado. Ello fomentó no sólo la integración, sino el cuidado de los más grandes hacia los más pequeños, y una interacción que en ningún momento fue un problema sino al contrario. Insistimos, más un proyecto social natural e normalmente integrador.

Otras herramientas como el uso del cine o el teatro, estuvieron presentes. Ésta última, fue particularmente significativa, pues además del abordaje escénico de temas, fomentó la expresión de cada niño, empeñándose ellos en manejar y mandar un mensaje a sus demás compañeros por medio de un argumento aprendido. Diversión, aprendizaje y arte.

Volviendo a los temas globales, la cuestión del agua jugó también en el interés de los participantes. Desde los conceptos alrededor de los sitios Ramsar, hasta las implicaciones básicas del calentamiento global fueron tratadas de diversos modos. Desde luego, un tema igualmente fundamental fue la salud y cuidado del cuerpo. Para ello se realizaron acciones como las “Olimpiadas Verdes de la Amistad” o se abordó conocimiento sobre consumo de transgénicos.

OTRA LECCIÓN APRENDIDA

Creemos que además de los niños, su participación, entusiasmo y compromiso, una de las lecciones paralelas generadas por la experiencia es la participación del personal docente del colegio. Esa lección, de cierto modo inesperada, creemos es también fundamental para esa apropiación de la que hablamos al principio del texto. Al final del proyecto, se creó el “Jardín de la Amistad Sara Alarcón”, un espacio verde donde niños y maestros están cuidando plantas sembradas por ellos, pero que además de esa tarea, la función trascendental de ese jardín será sin duda servir de referente a la continuidad de esta participación de la comunidad escolar en relación a la sustentabilidad, la educación no formal y el patrimonio natural. Semillas y frutos con origen y destino en la comunidad.

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