La enorme pérdida patrimonial que representan las haciendas en México.

Texto por Benjamín Arredondo

Original del blog El Bable: http://vamonosalbable.blogspot.mx/2012/08/la-enorme-perdida-patrimonial-que.html

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Hace poco, a raíz de unas fotos que me enviaron vía Facebook, en donde aparecían torreones y paredes de haciendas abandonadas o, en el mejor de los casos, en litigio, es decir, ni para Dios ni para el diablo, hice un comentario que, un poco exagerando el número, respondía a la idea que, en varias ocasiones, he oído en torno a este patrimonio perdido: ¿Por qué no las ha rescatado el Gobierno?

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La pregunta me hizo pensar, una vez más, en eso que he ido aprendiendo a lo largo de este “año sabático” en el que, entre otros temas, me he adentrado un poco al de las Haciendas. Lugares de ensueño, lugares emblemáticos que nos dicen de una tradición perdida, de una grandeza ya ida y de un patrimonio, lamentablemente, ya perdido. Para entender qué fue lo que pasó con ellas, cuál fue la razón por la cuál vemos tan estupendas obras en ruinas y cayéndose a pedazos ante la indiferencia total es relativamente fácil de comprender. Para ello nos remontamos a tres de los episodios más representativos de la Historia de México: La Independencia, la Reforma y la Revolución.

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Sucede que la verdadera vocación de México, desde antes de la llegada de los españoles era la de vivir del campo y hacerlo producir, manteniendo siempre una armonía con la naturaleza, al menos eso pasó en los antiguos Imperios que dominaban a Mesoamérica. La Conquista y su consecuente reparto del botín de guerra, implicó el reparto de tierras, en donde el verdadero interés que había era el de encontrar metales preciosos. Estos fueron encontrados, primero en Zacatecas, luego en San Luis Potosí y Guanajuato y para que las minas pudieran ser explotadas hubo la necesidad de crear la infraestructura de fuerza que ellas requerían, esta se llamaba fuerza de sangre.
La fuerza de sangre no era otra cosa que burras, mulas, caballos, y todo aquel animal que pudiera tirar, jalar, ayudar a la faena, y ellos para poderlo hacer requerían de forraje, de comida que la tierra produce; ante tal necesidad surgen primero las haciendas de Beneficio (entendiendo por beneficio el separar la plata -o el oro- de las piedras donde venía adherido), luego de crear las haciendas carboneras para producir, mediante la tala inmoderada de árboles -mezquites en su mayoría- carbón para que los hornos de las minas se mantuvieran a la temperatura ideal; haciendas ganaderas para que hubiera carne, leche y cuero. Hubo la necesidad de crear las Haciendas agrícolas, muchas de ellas de cereales, necesarios tanto para alimentar a los hombres como a las bestias que los hombres requerían para seguir sacando más y más metales para enviarle al rey su Quinto correspondiente y a la Iglesia los ornamentos en metales preciosos para hacer aun mas solemne el culto a ese Dios que crearon el cual no se satisfacía con sangre (como los dioses del México antiguo) sino con oro y con plata. Ornamentos para las misas que fueron hechos con estos metales, para la adoración del Dios que introdujeron a México… habrá que anotar una curiosidad. En el antiguo México el oro y la plata eran considerados como el “excremento de los dioses”.
Y como el poder iba ligado a la Iglesia, llegó el momento -siglo XVII- en el que la Iglesia se comenzó a apoderar de las haciendas, pasando a su propiedad gracias a esas obras pías o más bien esos temores que los mortales tenían a la muerte y, peor aun, al lugar a donde irían a parar luego de morir, así que, los ricos hacendados que, en muchas ocasiones murieron sin descendencia, optaron por heredaras a Jesuitas y Carmelitas, seguramente a Dominicos y a otras ordenes, menos a los Franciscanos ya que ellos, por norma, no podían tener propiedades en este mundo.
Así pues, entrado el siglo XVIII las ordenes religiosas que contaban con ese elevado número de propiedades y que fungían como bancos en donde se prestaba dinero, se incautaban propiedades ante el no pago y, en general, funcionando así como ahora funcionan los bancos fueron, de pronto, en el último cuarto del siglo desamortizadas, es decir, sus bienes ya no eran de ellos, pasaban al estado, mejor dicho, a la Corona. Vendría luego el movimiento Insurgente en el que, lo habitual era quemar las haciendas. Si los realistas sabían de que una hacienda era ocupada por Insurgentes la quemaban y si los Insurgentes sabían de una hacienda de realistas hacían lo propio, de este modo podemos considerar ese periodo (1810-1821) el inicio de la debacle de las haciendas, sobre todo en el Bajío.
Terminado el conflicto y obtenida la Independencia, luego de unos años México se abriría, de nueva cuenta, a los extranjeros, esta vez vestidos de Inversionistas. Ingleses y Norteamericanos ocuparon muchas de las haciendas que habían sido quemadas o inundadas durante el movimiento de insurrección, especialmente las haciendas de beneficio de metales, la Iglesia comenzaría a recuperar sus propiedades pero, luego de las intervenciones norteamericanas y francesa, se proclaman las Leyes de Reforma, una de ellas, la de Desamortización de Bienes del Clero…. se le da la segunda puñalada mortal a las haciendas, era 1860.

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Todo lo quitado al clero fue puesto a la venta, muchas transacciones, de esas que sabemos se hacen por debajo de la mesa volvió ricos a muchos y más ricos a algunos que ya eran ricos, pues las haciendas se volvieron un botín codiciado por políticos que las vendían a precios favorables a sus amigos y parientes; en tan solo 30 años las haciendas proliferaban por todo el territorio nacional, especialmente en los estados del centro, en aquellas feraces tierras que fueron consideradas primero como El Granero de la Nueva España y que luego, fueron equiparadas con los mejores campos de producción de Francia, me refiero nuevamente al Bajío.
Cuando tenemos la oportunidad de conocer los cascos de magníficas haciendas que siguen luchando, en solitario, por permanecer en pie, vemos una fecha que es casi una constante: 1886-1896, al parecer esta década fue la de mayor prosperidad en la vida campirana de México, era el Porfiriato en pleno y en El Bajío cundían… dado que la feracidad de esta tierra y la abundancia de agua que allí había, amén de que el río Lerma y sus tributarios lo recorrían con aguas limpias que incluso peces llevaban,  el estado de Guanajuato contaba con un total de 329 haciendas, agreguemos las que había en Querétaro, agreguemos otro tanto de ranchos… el campo producía y producía muy bien. La población del Bajío y, en general, de todo México, era eminentemente rural.

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Así pues, si nos ponemos a pensar en ese número de haciendas y si sabemos bien que la enorme mayoría, quizá el 90% de ellas fueron abandonadas, el pretender recuperarlas se vuelve una tarea titánica, o mejor dicho, imposible.
En el caso específico de Guanajuato la concentración de haciendas estaba en la parte central del estado: Valle de Santiago contaba 35, al igual que 35 haciendas había en el municipio de Celaya, 34 en el de León, 29 en el de Irapuato y 23 en el de Jerécuaro. Caso particular este último, considerando que Jerécuaro se ubica en la parte sureste del estado. Salamanca contaba 22. Y caso también particular lo fue el municipio de San Felipe Torresmochas en donde tan solo una hacienda tenía una población tan grande como la de uno de los municipios del estado: Jaral de Berrio que iniciando el siglo XX contaba 2,275 habitantes y San Pedro Almoloya 1,708.
Hubieron haciendas que al paso del tiempo se volvieron cabeceras municipales, como fue el caso del Guaje, actual Villagrán; o Noria de Charcas que daría paso a Doctor Mora; Huanímaro conserva el nombre de la hacienda como cabecera y municipio. Al sur del estado, una sola hacienda tenía población suficiente para declararse municipio, no lo hizo, la Hacienda de San Nicolás de los Agustinos, en Salvatierra, contaba con 2,066 habitantes. Números elevados si nos ponemos a pensar que la estadística que estamos utilizando ahora es en la que se basó don Pedro González en su Geografía de Guanajuato que le fue publicada en 1904.
Pero las cosas no terminan allí, en una hacienda hay, en ocasiones toros, consecuentemente hay un gusto por la fiesta brava y quién gusta de ella sabe muy bien a lo que se refiere el término de la puntillada final y ésta, la puntillada final se la dio a las haciendas el General Lázaro Cárdenas:
En su Primer Informe de Gobierno, el 1 de septiembre de 1935 el presidente Cárdenas decía: “A fines del año pasado, la H. Suprema Corte de Justicia de la Nación dictó algunas ejecutorias en las que se sostiene la tesis de que constitucionalmente no es necesario que la Nación ejercite la vía judicial para recuperar los bienes que le pertenecen y que se encuentran detentados por el clero, y que es bastante la declaratoria respectiva correspondiente, dictada por conducto de la Secretaría de Hacienda, para quede definida la propiedad nacional sobre los bienes objeto de la declaratoria”.

Dos años después, en 1937, la puntillada final se daría, no solo en lo referente a lo poco con lo que contaba el clero, sino en general a todas las Haciendas incautadas durante la Revolución y la nacionalización de bienes las incluía, pasarían éstas a una dependencia que con el fin de llevar a cabo el lema zapatista de Tierra y Libertad y aquello de que La tierra es para quién la trabaja, las haciendas se fraccionarían y con ello se acababa con algo que seguramente serían en la actualidad  motivo de orgullo nacional. Y así lo dijo Cárdenas en su Tercer Informe de Gobierno: “La ley del 26 de agosto de 1935, sobre nacionalización de bienes, ha venido aplicándose con un elevado criterio de justicia, que se traduce en la reintegración al patrimonio nacional de los bienes del clero, ficticiamente ostentados como propiedad de personas interpósitas“. Se daría paso entonces a la Reforma Agraria y el consecuente reparto de tierras…

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. guillermo corona dice:

    Como principio de revisar la historia recibe una felicitación nuestra. Nación es lo que necesita que cada ciudadano tenga una visión revisada de la historia porque no tiene lógica ni continuidad lo que nos han impuesto te recomiendo los libros “los renglones destorcidos de la historia” “un recorrido histórico de Ayutla s syotzinapan”” y “la verdad no se cuenta pero cuenta mucho”. Del autor andres justo Benítez. Pero como los buenos libros son censurados en el facñsr boock de andres justo Benítez te inspiran s la reflexión y a tener una visión más universal y continua en la linia de la historia las causas de nuestra historia

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